EDITORIAL


   Josemanuel Escribano

¡QUÉ PAÍS!   (14.10.07)

Siento que no puedo permanecer callado ni un minuto más. En pocos días se ha concentrado tal densidad de despropósitos de tanta gravedad que me resulta imposible no manifestarme. En orden más o menos cronológico: un dictamen interesado de una agencia de calificación -las que nos han llevado de cabeza a esta crisis- pone la Bolsa española en caída libre y nos deja al borde, una vez más, del precipicio; aún no recuperados, y de la mano de Obama y los mandamases europeos, Zapatero se saca de la manga un decretazo que baja el sueldo de los funcionarios -¡un cinco por ciento!- y congela las pensiones... tras años de falsos optimismos, medidas insuficientes y vaivenes como para marear al marino más curtido; ante las manifestaciones de los ciudadanos, la prensa nacional y extranjera y la opinión internacional, alguna alta representante del poder judicial proclama ante los medios las bondades de su oficio y la excelencia de sus colegas... y acto seguido el tribunal Supremo acaba con la carrera del juez Garzón, al dictado de la ultraderecha: el pretendido sindicato Manos Limpias y la impúdica Falange Española. Todo ello, con el aplauso oportunista y la intervención subterránea del Partido Popular, cuyos dirigentes provocan la náusea con sus intervenciones. Pero no a todo el mundo, claro; lo peor es cómo estos hechos y estos mensajes calan en la población: en Madrid, los sondeos dan mayoría absoluta a Gallardón y Aguirre, en Valencia la gente vitorea a Camps por la calle y, a pesar de las penosas condiciones de su líder, los populares podrían ganar las próximas elecciones. Un partido que se muestra desvergonzado, tramposo y corrupto y que todavía en ningún momento ha abjurado del franquismo que se revela a cada rato más y más prepotente, más y más peligroso. Qué país, éste. Un país, una sociedad, que aún arde en procesiones tras los curas ultramontanos -¿para cuándo esa revisión del triste Concordato?-, que niega a las víctimas de Franco un reposo decente mientras combate cualquier mínimo avance progresista, que enloquece con las gestas de nuestros héroes -¿héroes?- deportivos y que sigue abundando en gestos de desprecio hacia las mujeres, los inmigrantes, los diferentes...
Insisto, porque es noticia de ayer mismo -la gota que colma el vaso- en el triunfo de la persecución a Baltasar Garzón. Por atreverse a investigar los crímenes del franquismo, por llevar adelante el "caso Gurtel", por no ajustarse a la norma ni a la horma. Y luego quiere la judicatura que confiemos, que no se les critique, que "respetemos" su sacrosanta misión... Pues es imposible: el poder judicial ya no es poder legítimo porque años y años de fracasos, disparates y tropelías como ésta última lo han descalificado ante la opinión y el juicio de sus conciudadanos.
Por eso, por todo esto, creo que es hora de manifestarnos. Esto es una vergüenza, esto no puede seguir, no puede acabar así.